
Bienvenido seas, lector querido, a este tu cotidiano altar a las deficiencias humanas, a los desvaríos y tropiezos de la conducta social, a la prosa que diariamente se reinventa para escupir de nueva cuenta una verdad dormida, o quizás tan despierta que nuestra vista no logra percibir. Y quizás algunos otros días (contados, debo decir) estas mismas aguas alevosas, que pese a la crudeza de su cadencia y a la fuerza del golpe de su cauce, nos sirven para reír un rato y hasta disfrutar de los buenos momentos que con sus atavíos y descalabros, el destino nos llega a brindar.
Hoy caminaba bajo la lluvia y mi alma viajaba en esa mágica alfombra hecha de cuerdas y maderas, entrando desde mis oídos y alojándose en mi cerebro la más cálida de las sensaciones reflexivas, y pensé en el tiempo. Caí en cuenta sobre la importancia que tiene en nuestras vidas, es capaz de dictar nuestro grado de responsabilidad, puede definirnos entre el éxito y el fracaso y hasta puede ponernos una soga al cuello y terminar con nuestro andar sobre este plano terrenal. El tiempo, para mí se basa en una dualidad entre lo efímero y lo sustancial que puede dictaminar nuestra experiencia y juzgar (hasta cierto punto, y algunas veces erróneamente) cuánto sabemos.
Es muy triste saber, que esta misma situación puede ser la causante de que una bella mañana de Junio, al primer parpadear de tus ojos te sientas viejo, abatido, derrotado. Sientas que desperdiciaste los años productivos de tu existir y no hiciste nada, respiraste por respirar, que tu única herencia para el mundo sería tu patética contribución a la contaminación y el deterioro del planeta, simplemente fuiste un cero a la izquierda. Que las arrugas que condecoran por méritos propios tu semblante, no son más que amargas carcajadas que el destino hace visible ante el espejo para poner en evidencia tu falta de decisión, tu falta de ímpetu, tu incapacidad ante la vida.
Ahora, con el escenario previamente plantado, lo único lógico sería armarte de cojones y colgarte del primer tendedero de ropa que salte a la vista, simplemente sería cuestión de ajustar detalles. Pero permíteme decirte, mi estimado compañero, que esta es simplemente una situación hipotética, una simple recreación a la más atinada manera del realismo ruso, en que podrían sucitarse dichos eventos.
El tiempo es una cuestión crucial, es cierto, sin embargo es cuestión de percepciones, es cuestión de saber que cada aliento de aire, cada intercambio de saliva, cada palpitar del corazón y cada sentimiento que haga erizarte hasta la más desconocida vellosidad de tu cuerpo, hacen valiosa nuestra travesía por el mundo. Nunca se es demasiado viejo para triunfar, sin embargo, no se necesita ninguna edad para ser un perdedor. Nunca se está demasiado cansado para pelear, pero tampoco es necesario el cansancio para darse por vencido. Nunca se es demasiado rico para tirar unas monedas, pero tampoco nunca se es demasiado pobre como para no poder ganarlas.
Con esta pequeña reflexión me despido, y lector querido, si yo fuera Cronos, y simplemente si yo lo fuera, me tomaría unas vacaciones.
Shalom!







