
Y las madrugadas me persiguen una vez más, con sus tiempos, sus silencios y sus delirios. Todas parecen ser tan iguales, tantos patrones se repiten y sólo con la única misión de llevarme cara a cara con el gris semblante de mi fracaso.
Al parecer los errores de juicio siguen alforando hasta por mi piel, para bien o para mal, sigo sin poder utilizar la templanza como medio defensor ante lo desconocido. No sé muy bien qué es lo que sigue, pero al parecer tengo una vaga idea; este script ya lo conozco.
¿Acaso es más fácil olvidar algo que a duras penas conoces?, ¿acaso es más difícil olvidar tan solo la idea de un quizás, un tal vez y un no sé?. Sinceramente desconozco las respuestas a mis ambiguas cuestiones, pero cada día estoy más cerca.
Por el momento no queda más que seguir trazando mi camino, seguir cometiendo mis propios errores, siendo capaz de esperar a que vuelva La Magdalena, aquella que es la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras, decía cierto viejo andaluz.
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