Cierto tepicense ha dicho: "...el miedo es más injusto que la ira."; me sirvo de saludarte y enviarte un caluroso abrazo desde mi guardida porteña, sin mayor compañía que el silencio de una madrugada fría y el eco del teclado amenizando el entorno de mi recámara.
Hoy fue un día bastante común, me levanté (tarde, por cierto), fui al trabajo e hice mis diligencias cotidianas, regresé a casa a la misma hora de siempre y tomé una ducha. Al terminar mi ducha emprendí camino a cortarme el cabello (ya que parecía digno fugitivo de Ciempozuelos) y quedé de encontrarme con cierta fémina, amiga mía, para ir a beber un poco del café (que más que café sabe a aceite quemado de transmisión) que con tanta prontitud y rellenable calidad puede ofrecernos el Vip's más cercano. Al terminar de beber nuestras múltiples tazas, decidimos partir y la llevé a su casa, para después arranarme en la mía a ver un filme de Monty Python en mi característico y nocturno ostracismo, que sólo una noche de viernes en Tampico puede incitarme.
Interesante cuestión, al filo de las 3:00 a.m. aproximadamente, sentí la incesante necesidad de comprar un bolsa familiar de "chitos-puf" y una coca light de un litro. Digamos que el bizarro humor inglés y sus acentos tan curiosos despiertan en mí una extraña sensación de ansiedad que sólamente puedo saciar comprando esta chatarra, y exactamente en el momento en que comenzaba a recorrer el trayecto comprendido desde la puerta de mi casa, hasta la tienda de conveniencia abierta 24 horas, que está situada a una cuadra y media de mi hogar sentí pavor.
Sentí miedo de plantar un solo pie en el silencio de una calle desnuda, no podía concebir esto, he recorrido este trayecto durante años, innumerables ocasiones, conozco este barrio mejor que Cortés a su Malinche y sin embargo me acobardé.
Me imagino que no soy el único, me imagino también cuántas personas diariamente viven y sufren en carne propia este temor del que estoy hablando, y no sólo eso, si no también al factor generador de esta inseguridad, la violencia que está en boca de todos y a flor de piel de algunos, el sufrimiento de creer que tal vez no somos lo suficientemente fuertes para impedir que el miedo marque nuestro destino.
Es inconcebible que el lema "servir y proteger" (que no es más que un refrito del vecino del norte) que vemos día con día en las unidades al servicio del Poder Judicial de nuestra localidad, no vaya dirigido a la población clamante de justicia, no vaya dirigido a todas las víctimas de crímenes y delitos inhumanos, ni tampoco vaya dirigido a ninguno de todos los contribuyentes que les damos de comer, si no vaya dirigido a la cartera del mejor postor, a las monedas que con olor a carne rota pagan el precio de entregar nuestra cabeza, cual cobarde Judas a su merced.
Y la nota roja sigue dando de qué hablar, aquí y en todo lo largo y ancho de nuestro país y mientras tanto yo tomo mi carrito japonés y me dispongo a realizar mi viaje de cuadra y media, esperando regresar a casa a salvo. Amado Nervo tenía toda la razón, el miedo es muchísimo más injusto que la ira, pero no hay nada más injusto que callar mientras que mi tierra se debate entre la vida y la muerte en terapia intensiva.
No se vale.
2 comentarios:
bueno, al menos esta vez no fue por huevon, sino por un miedo bien justificado.
y por cierto, no se escribe "tazas"?
jajajaja ya se chingao! xDDD yo sabía que era venda, pero... se oía muy rígida con v, y las vendas son suavecitas jajajaja asi que se me ocurrió que podría ser con b.
pero no.
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