Salúdote con el más afectuoso de los abrazos, lector anónimo, que sin semblante ni suerte pasas ocasional o hasta quizás recurrentemente por estos lares. El día de hoy me cargo una laringitis que no le deseo ni a Luzbel, y me encuentro varado cual sirena en el ocio de un día sin ir a trabajar; retomé el día de hoy conversaciones que tenía desde hacía mucho tiempo pendientes, vi un par de películas y hasta pude descansar. Debo decir que enfermarse de cuándo en cuándo puede resultar increíblemente gratificante para reposar la coraza.
El día de hoy mientras veía el noticiero de Loret de Mola, me di cuenta que algo importante está sucediendo. Un desequilibrio nacional en todos los sentidos se encuentra imperando nuestra mestiza sociedad y mientras todos volteamos a ver los rostros atónitos de nuestros semejantes, el tiempo sigue corriendo.
Estos aires de cambio, ya sea para bien o para mal, son siempre un factor imprescindible en la historia de un pueblo; ya sean los radicales contrariando hasta el curso que decide tomar una mosca en su vuelo, o los conservadores que no quieren perder su volátil y recién parida hegemonía sobre las riendas de nuestra trastocada nación, son claros ejemplos de qué tan turbias se encuentran las aguas del destino de este pueblo de estirpe divina.
Ahora, dejando de lado un poco la materia política (si es que en realidad se puede llegar a hacer eso), tomemos en cuenta el desbalance tan proporcional y hasta grotesco en los estratos sociales de nuestro amado México, sin olvidar claro al futuro de nuestro país, a las manos que lo trabajarán arduamente en el futuro, a los que día a día forman entre sus manos el devenir de su pueblo, ¿qué risa no?.
Esperemos que cuando llegue el día en que la clase obrera decida por fin poner un alto a tanta treta sindical disfrazada de justicia, en que la mayoría de jóvenes ineptos no tengan una mano de dónde comer, en que todos y cada uno de los mexicanos se animen a CONOCER LA VERDAD, estemos preparados. Porque si mi memoria no falla, la primer década de cada siglo se ve marcada por la sangre del sol azteca.
Que el Enmascarado de Plata y el Blue Demon nos amparen, mis hermanos.
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