Y sin mayor placer que el de saludarles, hago de su conocimiento que me encuentro utilizando el ordenador de mi querida Jezabel para actualizar, mientras ella tiene la amabilidad de calentar la cena. Así es, querido lector lectora, todo parece indicar que no soy más que zángano que no sirve para otra cosa que para escribir. Es mentira, sirvo para muchas otras cosas más, en las cuales no ahondaré ya que esto no es un confesionario pasional.
Resulta ser de tal suerte que mi querida Jezabel me ha vetado oficialmente de la cocina, tengo prohibido hasta mirarla cuando se encuentra en su atareado trajín dentro de la misma.
"¡Ay Carlos!, hazme el favor de quitarte de aquí que te vas a quemar o me vas a tirar todo...", replicaba ella ante mi falto de éxito intento de darle vuelta a un par de tortillas en el comal, una total injusticia.
Al parecer mis manos toscas y mis dedos torpes no vienen de mucha ayuda cuando se trata de ser un pinche, y no malinterpreten el término, seré un mediocre asistente culinario, pero tan malo así, no soy.
Shalom!
Ad Universi Terrarum Orbis Summi Architecti Gloriam
jueves, 24 de julio de 2008
sábado, 19 de julio de 2008
No estaba muerto, andaba de parranda.
"Y no estaba muerto no, no y no estaba muerto no, no, y no estaba muerto no, no, estaba tomando cañas, lerelele..."
Con este algarabioso canto me permito saludarte, estimadísimo y extrañadísimo lector, después de una breve ausencia, espero que no me hayas dado por muerto como al pobre Blanco Herrera, pero tampoco vayas a creer que andaba yo de juerga con Dionisio, simplemente hacía gala a mi multifuncionalidad y anduve de aquí para allá completamente olvidado de estos medios cibernéticos, que pese a tu anonimato, cada vez me siento más ligado a tus ojos sin rostro, a tu pensar sin nombre y a tu crítica silenciosa, simplemente perceptible en mi imaginación.
El día de hoy fue bastante común, debo decir, claro a reserva de los constantes gritos de mi madre por el hueco que hay en la pared de la sala debido a la tardía reparación del aire acondicionado que ocupa dicho espacio en la normalidad de nuestro cotidiano andar. "Córrele mijo, no vayas a llegar tarde que ya me quiero dormir y no se nos vaya a meter un fulano..." - decía mi madre por teléfono la noche de anoche, y en su psicósis nocturna, mezclado con ciertos barbitúricos y una voz ensordecedora logró colmar mi paciencia, y la del buen Rojo 68 (aquél hombre que es padre de mi madre y dice ser mi abuelo) así que tomamos cartas en el asunto, (más tarde explicaré el por qué de dicho sobrenombre de represiva naturaleza).
Y con el ingenio que caracteriza a los hijos del sol azteca, y sin mayores herramientas que aquello que se encontraba a nuestro alrededor, nos dimos a la tarea de idear una medida preventiva y de exclusivísima seguridad, que el mismo Pentágono envidiaría. Nuestras herramientas de sofisticación incalculable no eran más que un par de tablas viejas y muchos envases de vidrio de cerveza y refrescos que dejaron de producirse cuando Yucatán todavía era una República Independiente.
Manos a la obra, tardamos aproximadamente 3 minutos en terminar nuestra labor, que no fue más allá de atravesar el par de tablas para cubir el hueco que se encuentra debajo del cajón vacío del aire acondicionado y ponerle encima cuanta botella estuviera a nuestro alcance, quesque "pa' que haga ruido si se quiere meter un cabrón..." decía mi querido Rojo 68 en su característico y florido lenguaje callejero, mientras yo me moría de la risa al presenciar tan ñerísima escena, y para rematar utilizamos una medida de intimidación visual cubriendo el hueco de la pared con una toalla vieja de la concubina del Ratón Miguelito, que mi hermana desechó antes de poder articular palabra alguna.
Y ahora sí estamos listos para combatir cualquier intento de intromisión domiciliar, tristemente tengo que verle la cara a Minnie Mouse y degustar el hedor de las botellas bombas hasta el lunes que nos entreguen el aire acondicionado.
Que alguien me auxilie.
Con este algarabioso canto me permito saludarte, estimadísimo y extrañadísimo lector, después de una breve ausencia, espero que no me hayas dado por muerto como al pobre Blanco Herrera, pero tampoco vayas a creer que andaba yo de juerga con Dionisio, simplemente hacía gala a mi multifuncionalidad y anduve de aquí para allá completamente olvidado de estos medios cibernéticos, que pese a tu anonimato, cada vez me siento más ligado a tus ojos sin rostro, a tu pensar sin nombre y a tu crítica silenciosa, simplemente perceptible en mi imaginación.
El día de hoy fue bastante común, debo decir, claro a reserva de los constantes gritos de mi madre por el hueco que hay en la pared de la sala debido a la tardía reparación del aire acondicionado que ocupa dicho espacio en la normalidad de nuestro cotidiano andar. "Córrele mijo, no vayas a llegar tarde que ya me quiero dormir y no se nos vaya a meter un fulano..." - decía mi madre por teléfono la noche de anoche, y en su psicósis nocturna, mezclado con ciertos barbitúricos y una voz ensordecedora logró colmar mi paciencia, y la del buen Rojo 68 (aquél hombre que es padre de mi madre y dice ser mi abuelo) así que tomamos cartas en el asunto, (más tarde explicaré el por qué de dicho sobrenombre de represiva naturaleza).
Y con el ingenio que caracteriza a los hijos del sol azteca, y sin mayores herramientas que aquello que se encontraba a nuestro alrededor, nos dimos a la tarea de idear una medida preventiva y de exclusivísima seguridad, que el mismo Pentágono envidiaría. Nuestras herramientas de sofisticación incalculable no eran más que un par de tablas viejas y muchos envases de vidrio de cerveza y refrescos que dejaron de producirse cuando Yucatán todavía era una República Independiente.
Manos a la obra, tardamos aproximadamente 3 minutos en terminar nuestra labor, que no fue más allá de atravesar el par de tablas para cubir el hueco que se encuentra debajo del cajón vacío del aire acondicionado y ponerle encima cuanta botella estuviera a nuestro alcance, quesque "pa' que haga ruido si se quiere meter un cabrón..." decía mi querido Rojo 68 en su característico y florido lenguaje callejero, mientras yo me moría de la risa al presenciar tan ñerísima escena, y para rematar utilizamos una medida de intimidación visual cubriendo el hueco de la pared con una toalla vieja de la concubina del Ratón Miguelito, que mi hermana desechó antes de poder articular palabra alguna.
Y ahora sí estamos listos para combatir cualquier intento de intromisión domiciliar, tristemente tengo que verle la cara a Minnie Mouse y degustar el hedor de las botellas bombas hasta el lunes que nos entreguen el aire acondicionado.
Que alguien me auxilie.
martes, 8 de julio de 2008
Corre Nicky, corre.
Buenas tardes, querido lector. Hoy por la mañana, justo después de levantarme y sin entrar mucho en detalles, me vi frente al espejo y pregunté: "¿Cómo estás?", a lo que para mi sorpresa, el semblante que tenía frente a mis ojos contestó: "Bien guapo...", y después de esta brevísima introducción con mayor egolatría y mucha menos agua que Narciso, me dispongo a proseguir.
El día de hoy recibí una llamada, a través de aquél artefacto radial tan popular entre la muchachada hoy en día, sinceramente desconozco esta fascinación ya que mis ojos no pueden verlo más allá que una herramienta de trabajo y no tanto como una chiflazón del momento, en fin. El caos era, perdón, quise decir, el caso era que mi madre me llamó exaltadísima, con el corazón en la boca, dirían las tiernas abuelitas que no tienen mayor tarea que ensalsar y exacerbar todo lo que llegue a sus oídos y vaya a ser reproducido por sus bocas.
"Hijo, hijo no vas a adivinar a quién nos encontramos aquí en Nueva Orléans, y hasta fotos nos tomamos con él", entonces por mi mente cruzaron un centenar de ideas, "¿A Cepillín, mamá?", a lo cual contestó enfurecida, "No, chamaco ridículo, nada menos y nada más que a Nicholas Cage."
O mai gad, pensé para mis adentros, y lo único que pude responder fue, "qué bueno madre, ahí me lo saludas", y me quedé sin palabras. Tal vez en este momento estás pensando que no tengo ninguna razón para permanecer de esa manera, NO LOS CONOCES. Mi familia, que bendita la gloria del Señor, es esa extraña mutación que llaman popularmente en terapia familiar, "una familia compuesta", sí, pero compuesta de puro demente.
No quiero ni imaginarme la manera en que avasallaron al pobre gringüito que desprotegido y bajo de guardia ante la avanzada azteca, no tuvo mayor remedio que ceder. Y una vez más, mi pequeña madre y su ya tan famoso mareado, perdón, marido, y toda la horda de canibalísticos subnormales que más comunmente son llamados "niños", hacen de las suyas en un país ajeno.
Por cierto, no te sorprendas si al sintonizar las noticias mañana, llega a ser de tu conocmiento que Nicholas Cage vendió su residencia en Louisiana y la cambió por una chocita en Tegucigalpa, gracias Dios por haberme dado esta familia.
Me retiro, ya que voy por Jezabel y si llego tarde, peligo me levante otros 23 templos paganos y ahi te encargo con los israelítas.
Shalom!
El día de hoy recibí una llamada, a través de aquél artefacto radial tan popular entre la muchachada hoy en día, sinceramente desconozco esta fascinación ya que mis ojos no pueden verlo más allá que una herramienta de trabajo y no tanto como una chiflazón del momento, en fin. El caos era, perdón, quise decir, el caso era que mi madre me llamó exaltadísima, con el corazón en la boca, dirían las tiernas abuelitas que no tienen mayor tarea que ensalsar y exacerbar todo lo que llegue a sus oídos y vaya a ser reproducido por sus bocas.
"Hijo, hijo no vas a adivinar a quién nos encontramos aquí en Nueva Orléans, y hasta fotos nos tomamos con él", entonces por mi mente cruzaron un centenar de ideas, "¿A Cepillín, mamá?", a lo cual contestó enfurecida, "No, chamaco ridículo, nada menos y nada más que a Nicholas Cage."
O mai gad, pensé para mis adentros, y lo único que pude responder fue, "qué bueno madre, ahí me lo saludas", y me quedé sin palabras. Tal vez en este momento estás pensando que no tengo ninguna razón para permanecer de esa manera, NO LOS CONOCES. Mi familia, que bendita la gloria del Señor, es esa extraña mutación que llaman popularmente en terapia familiar, "una familia compuesta", sí, pero compuesta de puro demente.
No quiero ni imaginarme la manera en que avasallaron al pobre gringüito que desprotegido y bajo de guardia ante la avanzada azteca, no tuvo mayor remedio que ceder. Y una vez más, mi pequeña madre y su ya tan famoso mareado, perdón, marido, y toda la horda de canibalísticos subnormales que más comunmente son llamados "niños", hacen de las suyas en un país ajeno.
Por cierto, no te sorprendas si al sintonizar las noticias mañana, llega a ser de tu conocmiento que Nicholas Cage vendió su residencia en Louisiana y la cambió por una chocita en Tegucigalpa, gracias Dios por haberme dado esta familia.
Me retiro, ya que voy por Jezabel y si llego tarde, peligo me levante otros 23 templos paganos y ahi te encargo con los israelítas.
Shalom!
domingo, 6 de julio de 2008
¡Saludos!
No estás ni tú para saberlo, ni yo para contarlo, pero debo decir que esta semana me ha sido prácticamente imposible sentarme a redactar, tomarme unos breves minutos dentro del trajín diario e invitarte a dar un paso dentro de estos caudales que, "sin sístole, ni diástole, ni dueño", en palabras del Flaco de Úbeda, me sirven para reivindicarme con los errores y aciertos que cometo una y otra vez, con el innegable valor del peso de una lengua precisa, del verbo exacto y del decir certero.
Y heme aquí, disfrutando retazos del alma de un juglar argentino, que espero mientras llega la hora, sólamente me queda brindarte, lector querido, un poco de esperanza, de sabor hecho palabra, del corazón de aquél que canta.
Pronto charlaremos largo y tendido.
Y heme aquí, disfrutando retazos del alma de un juglar argentino, que espero mientras llega la hora, sólamente me queda brindarte, lector querido, un poco de esperanza, de sabor hecho palabra, del corazón de aquél que canta.
Pronto charlaremos largo y tendido.
jueves, 3 de julio de 2008
María.
María tiende a vagar por los rincones de mi mente con una gran frecuencia. En un día soleado busca alguna hamaca hecha de telarañas y se posa a tomar los rayos ultraviolentos que parecieran reflejos de ventanas sobre su porcelánica piel, mientras refresca su garganta con el dulce vino de la imaginación.
María gusta de la bebida, por eso tiene reservada la mesa más exclusiva en el bar de mis recuerdos; su copa siempre está servida y un mesero que aguarda pendiente y pendenciero con marca personal cualquier signo de sobriedad y escasez de su trago. María encuentra siempre su lugar a un lado de lo que ha sido y lo que debiera ser, sabiéndose triunfante de pertenecer al "que será".
Y cuando llega la noche, y los pajarillos melancólicos que repiten segundo a segundo su sonsonete de memorias van a la cama, María sale a buscar pedazos de su alma en el reflejo de una luna sobre el agua, el cantar de los grillos impacientes, en el desvelo de un sueño limitado para los carentes de ilusión.
María juega a dibujar castillos en el cielo con el humo que emana de sus labios, juega a liberar dragones y a matar a las princesas, que ninguna falta hacen en su mundo, ya que en este reino, salen de sobra los monarcas y sus reinas, las cortes y sus etiquetas, las apariencias y el desdén.
Y cuando el sol comienza a clarear, María toma un baño de burbujas en aquél pantano lleno de criaturas inimaginables y peces que saltan a congraciar la mañana. Ella termina secando su desnudez y su frío y se posa sobre aquella roca que convirtió a un simple muchacho en Rey.
Ella encuentra increíblemente divertido su andar a campo traviesa por los recovecos de ese lugar y cuando por fin su día se apaga y sus rizos tocan dócilmente la almohada de rosas que el rocío ha tenido a bien empapar, en ese momento, sólo y únicamente en ese momento, es mi turno de descansar.
María gusta de la bebida, por eso tiene reservada la mesa más exclusiva en el bar de mis recuerdos; su copa siempre está servida y un mesero que aguarda pendiente y pendenciero con marca personal cualquier signo de sobriedad y escasez de su trago. María encuentra siempre su lugar a un lado de lo que ha sido y lo que debiera ser, sabiéndose triunfante de pertenecer al "que será".
Y cuando llega la noche, y los pajarillos melancólicos que repiten segundo a segundo su sonsonete de memorias van a la cama, María sale a buscar pedazos de su alma en el reflejo de una luna sobre el agua, el cantar de los grillos impacientes, en el desvelo de un sueño limitado para los carentes de ilusión.
María juega a dibujar castillos en el cielo con el humo que emana de sus labios, juega a liberar dragones y a matar a las princesas, que ninguna falta hacen en su mundo, ya que en este reino, salen de sobra los monarcas y sus reinas, las cortes y sus etiquetas, las apariencias y el desdén.
Y cuando el sol comienza a clarear, María toma un baño de burbujas en aquél pantano lleno de criaturas inimaginables y peces que saltan a congraciar la mañana. Ella termina secando su desnudez y su frío y se posa sobre aquella roca que convirtió a un simple muchacho en Rey.
Ella encuentra increíblemente divertido su andar a campo traviesa por los recovecos de ese lugar y cuando por fin su día se apaga y sus rizos tocan dócilmente la almohada de rosas que el rocío ha tenido a bien empapar, en ese momento, sólo y únicamente en ese momento, es mi turno de descansar.
Si realmente amas a un caballo, no le encierres.
Lector querido, después de una breve ausencia regreso a mis naturales andadas. En este momento cuento con un breve tiempo para redactar, ya que estoy matando una hora mientras se cumplen los plazos que están destinados para el día de hoy, cuestiones de negocios, cosas sin mucha importancia.
Mientras manejaba a través de la transitadísima y pobremente pavimentada Avenida Hidalgo, precisamente a la altura del innecesario y fastuosamente vistoso distribuidor vial paralelo a ese almacen mayorista de sajona procedencia, comencé a divagar. Las gotas de lluvia en el parabrisas de mi estudiantil sedán comenzaron a ejectuar la coreografía necesaria para hipnotizar a un hombre, ya sea para ponerlo en contacto con su interior, o simplemente para acrecentar la incidencia de accidentes automovilísticos, sinceramente no lo sé.
Me sentí atrapado en una fábula de Monterroso, al mirarme al espejo y no ver más que una simple sonrisa, una estúpida y nicotínica sonrisa. Hoy sinceramente querido lector, no tengo más qué decir que lo que ya he dicho, porque uno no sabe más de lo que debe, ni menos que lo necesario.
Mis palabras se las comió un silencio compartido, ese silencio que en breves lapsos nos hace pensar que aunque no sepamos lo que hacemos, es menester seguir adelante.
Shalom!
Mientras manejaba a través de la transitadísima y pobremente pavimentada Avenida Hidalgo, precisamente a la altura del innecesario y fastuosamente vistoso distribuidor vial paralelo a ese almacen mayorista de sajona procedencia, comencé a divagar. Las gotas de lluvia en el parabrisas de mi estudiantil sedán comenzaron a ejectuar la coreografía necesaria para hipnotizar a un hombre, ya sea para ponerlo en contacto con su interior, o simplemente para acrecentar la incidencia de accidentes automovilísticos, sinceramente no lo sé.
Me sentí atrapado en una fábula de Monterroso, al mirarme al espejo y no ver más que una simple sonrisa, una estúpida y nicotínica sonrisa. Hoy sinceramente querido lector, no tengo más qué decir que lo que ya he dicho, porque uno no sabe más de lo que debe, ni menos que lo necesario.
Mis palabras se las comió un silencio compartido, ese silencio que en breves lapsos nos hace pensar que aunque no sepamos lo que hacemos, es menester seguir adelante.
Shalom!
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