Ad Universi Terrarum Orbis Summi Architecti Gloriam

jueves, 3 de julio de 2008

Si realmente amas a un caballo, no le encierres.

Lector querido, después de una breve ausencia regreso a mis naturales andadas. En este momento cuento con un breve tiempo para redactar, ya que estoy matando una hora mientras se cumplen los plazos que están destinados para el día de hoy, cuestiones de negocios, cosas sin mucha importancia.

Mientras manejaba a través de la transitadísima y pobremente pavimentada Avenida Hidalgo, precisamente a la altura del innecesario y fastuosamente vistoso distribuidor vial paralelo a ese almacen mayorista de sajona procedencia, comencé a divagar. Las gotas de lluvia en el parabrisas de mi estudiantil sedán comenzaron a ejectuar la coreografía necesaria para hipnotizar a un hombre, ya sea para ponerlo en contacto con su interior, o simplemente para acrecentar la incidencia de accidentes automovilísticos, sinceramente no lo sé.

Me sentí atrapado en una fábula de Monterroso, al mirarme al espejo y no ver más que una simple sonrisa, una estúpida y nicotínica sonrisa. Hoy sinceramente querido lector, no tengo más qué decir que lo que ya he dicho, porque uno no sabe más de lo que debe, ni menos que lo necesario.

Mis palabras se las comió un silencio compartido, ese silencio que en breves lapsos nos hace pensar que aunque no sepamos lo que hacemos, es menester seguir adelante.

Shalom!



1 comentario:

pepitoesbiencool dijo...

y mira que lo que es menester, es menester.



según.




pero la lluvia es bastante agradable y creo que me seduce más la primera opcion que la de los accidentes.