María tiende a vagar por los rincones de mi mente con una gran frecuencia. En un día soleado busca alguna hamaca hecha de telarañas y se posa a tomar los rayos ultraviolentos que parecieran reflejos de ventanas sobre su porcelánica piel, mientras refresca su garganta con el dulce vino de la imaginación.
María gusta de la bebida, por eso tiene reservada la mesa más exclusiva en el bar de mis recuerdos; su copa siempre está servida y un mesero que aguarda pendiente y pendenciero con marca personal cualquier signo de sobriedad y escasez de su trago. María encuentra siempre su lugar a un lado de lo que ha sido y lo que debiera ser, sabiéndose triunfante de pertenecer al "que será".
Y cuando llega la noche, y los pajarillos melancólicos que repiten segundo a segundo su sonsonete de memorias van a la cama, María sale a buscar pedazos de su alma en el reflejo de una luna sobre el agua, el cantar de los grillos impacientes, en el desvelo de un sueño limitado para los carentes de ilusión.
María juega a dibujar castillos en el cielo con el humo que emana de sus labios, juega a liberar dragones y a matar a las princesas, que ninguna falta hacen en su mundo, ya que en este reino, salen de sobra los monarcas y sus reinas, las cortes y sus etiquetas, las apariencias y el desdén.
Y cuando el sol comienza a clarear, María toma un baño de burbujas en aquél pantano lleno de criaturas inimaginables y peces que saltan a congraciar la mañana. Ella termina secando su desnudez y su frío y se posa sobre aquella roca que convirtió a un simple muchacho en Rey.
Ella encuentra increíblemente divertido su andar a campo traviesa por los recovecos de ese lugar y cuando por fin su día se apaga y sus rizos tocan dócilmente la almohada de rosas que el rocío ha tenido a bien empapar, en ese momento, sólo y únicamente en ese momento, es mi turno de descansar.
María gusta de la bebida, por eso tiene reservada la mesa más exclusiva en el bar de mis recuerdos; su copa siempre está servida y un mesero que aguarda pendiente y pendenciero con marca personal cualquier signo de sobriedad y escasez de su trago. María encuentra siempre su lugar a un lado de lo que ha sido y lo que debiera ser, sabiéndose triunfante de pertenecer al "que será".
Y cuando llega la noche, y los pajarillos melancólicos que repiten segundo a segundo su sonsonete de memorias van a la cama, María sale a buscar pedazos de su alma en el reflejo de una luna sobre el agua, el cantar de los grillos impacientes, en el desvelo de un sueño limitado para los carentes de ilusión.
María juega a dibujar castillos en el cielo con el humo que emana de sus labios, juega a liberar dragones y a matar a las princesas, que ninguna falta hacen en su mundo, ya que en este reino, salen de sobra los monarcas y sus reinas, las cortes y sus etiquetas, las apariencias y el desdén.
Y cuando el sol comienza a clarear, María toma un baño de burbujas en aquél pantano lleno de criaturas inimaginables y peces que saltan a congraciar la mañana. Ella termina secando su desnudez y su frío y se posa sobre aquella roca que convirtió a un simple muchacho en Rey.
Ella encuentra increíblemente divertido su andar a campo traviesa por los recovecos de ese lugar y cuando por fin su día se apaga y sus rizos tocan dócilmente la almohada de rosas que el rocío ha tenido a bien empapar, en ese momento, sólo y únicamente en ese momento, es mi turno de descansar.
3 comentarios:
hola!
prometo leer todo tu blog!! por ahora, es primordial dentro de mis "pendientes" heeheh
saludos
chale, la verdad hoy no leí completo pq me cago de sueño, pero... jajaja ni sé que poner.
sobres Don Carlangas.
La María...pobre, hasta para el Mole la quieren...
pero bueno,
acaso no te he visto en los juzgados? Estimado abogado:D
saludos!!
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