La Cueva de las Gorgonas
“Redes Sociales: Amor y Odio en una misma tecla.”
Carlos Domínguez González
Creo haber tratado con anterioridad este mismo tema, tal vez con una perspectiva un poco más neutra y sin haber sufrido los estragos de esta, ya no tan nueva, tendencia, que como buen protagonista de una tragedia griega, viniera a marcar en mi existir un nuevo episodio de epilepsia romántica. Las redes sociales como tal fungen primordialmente como propagadores de la comunicación, interacción de los usuarios y una experiencia tan personal que podría considerarse su invención un regalo del Eterno, la idealización del fin de las cosas siempre resulta impecable, mas es la voluntad humana lo que pone en tela de juicio el desarrollo del mismo. La emoción humana juega un papel importantísimo en este mundo cibernético que viene plagado de los mismos prejuicios, complicaciones, misterios y revelaciones que la vida misma en el mundo real, quizás más. El problema radica en la permanencia de lo evidenciado y la facilidad del acceso a la información, chismes, argüendes, polémicas, insultos y mentiras pueden ser encontrados con gran frecuencia en el diario acontecer de las redes sociales, que como una vida dentro de la vida nos expone al escrutinio público y la importante influencia que ejerce sobre las relaciones, al igual que las consecuencias que se cobran acá afuera.
Es impresionante el revuelo causado por un “cambio de situación sentimental”, la quemada que te da la foto donde (se supone) no debías estar, el pancho que hemos y nos han causado al no recibir respuesta a un comentario y la incesante pregunta entre las parejas cibernautas en la actualidad: “Y ese, ¿quién es?”.
Por el contrario podemos encontrar en el crecimiento exponencial que a las redes sociales refiere la flagrante velocidad con la que asuntos de interés público llegan a los ojos ávidos de los usuarios, el beneficio de la interacción entre medios y consumidores y demás bondades que no nos atañen precisamente en este momento. El anonimato que otrora se consideraba la primordial cualidad de los usuarios de internet hoy viene a ser suplantado por esa evidente necesidad de validar nuestra personalidad propia y nuestros semejantes en las diversas redes sociales en función actualmente, se acabaron los “nicknames” y cualquier artilugio cibernético para favorecer al encubrimiento de nuestra identidad, hoy se trata de ser, parecer y sobre todo, mostrar.
He conocido gran número de personas a través de estas redes sociales en el transcurso de los años que he sido presa de sus mieles y desatinos, y podría decir que he conocido de todo, he conocido personas que han compartido una parte de su tiempo con el mío y otras las cuales jamás he tenido la oportunidad de volver a ver. Utilicemos las redes sociales para lo que fueron hechas, socializar, pero tomando en cuenta la prudencia de que ya no somos más un usuario sin rostro, que cada lector tiene nombre y apellido, fotos, selección de actividades preferidas, gustos musicales detallados, familiares y por sobre todo unas ganas inmensas de conocer los de los demás. Los ojos del mundo están sobre nosotros.
Para Beatriz, mi ojo vigilante favorito.

1 comentario:
Hay que cuidarse de stalkers como walter
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