"Y no estaba muerto no, no y no estaba muerto no, no, y no estaba muerto no, no, estaba tomando cañas, lerelele..."
Con este algarabioso canto me permito saludarte, estimadísimo y extrañadísimo lector, después de una breve ausencia, espero que no me hayas dado por muerto como al pobre Blanco Herrera, pero tampoco vayas a creer que andaba yo de juerga con Dionisio, simplemente hacía gala a mi multifuncionalidad y anduve de aquí para allá completamente olvidado de estos medios cibernéticos, que pese a tu anonimato, cada vez me siento más ligado a tus ojos sin rostro, a tu pensar sin nombre y a tu crítica silenciosa, simplemente perceptible en mi imaginación.
El día de hoy fue bastante común, debo decir, claro a reserva de los constantes gritos de mi madre por el hueco que hay en la pared de la sala debido a la tardía reparación del aire acondicionado que ocupa dicho espacio en la normalidad de nuestro cotidiano andar. "Córrele mijo, no vayas a llegar tarde que ya me quiero dormir y no se nos vaya a meter un fulano..." - decía mi madre por teléfono la noche de anoche, y en su psicósis nocturna, mezclado con ciertos barbitúricos y una voz ensordecedora logró colmar mi paciencia, y la del buen Rojo 68 (aquél hombre que es padre de mi madre y dice ser mi abuelo) así que tomamos cartas en el asunto, (más tarde explicaré el por qué de dicho sobrenombre de represiva naturaleza).
Y con el ingenio que caracteriza a los hijos del sol azteca, y sin mayores herramientas que aquello que se encontraba a nuestro alrededor, nos dimos a la tarea de idear una medida preventiva y de exclusivísima seguridad, que el mismo Pentágono envidiaría. Nuestras herramientas de sofisticación incalculable no eran más que un par de tablas viejas y muchos envases de vidrio de cerveza y refrescos que dejaron de producirse cuando Yucatán todavía era una República Independiente.
Manos a la obra, tardamos aproximadamente 3 minutos en terminar nuestra labor, que no fue más allá de atravesar el par de tablas para cubir el hueco que se encuentra debajo del cajón vacío del aire acondicionado y ponerle encima cuanta botella estuviera a nuestro alcance, quesque "pa' que haga ruido si se quiere meter un cabrón..." decía mi querido Rojo 68 en su característico y florido lenguaje callejero, mientras yo me moría de la risa al presenciar tan ñerísima escena, y para rematar utilizamos una medida de intimidación visual cubriendo el hueco de la pared con una toalla vieja de la concubina del Ratón Miguelito, que mi hermana desechó antes de poder articular palabra alguna.
Y ahora sí estamos listos para combatir cualquier intento de intromisión domiciliar, tristemente tengo que verle la cara a Minnie Mouse y degustar el hedor de las botellas bombas hasta el lunes que nos entreguen el aire acondicionado.
Que alguien me auxilie.
2 comentarios:
JAJAJA a huevo... las botellas pa' que hagan ruidito... jajajajajajajajaja por si se mete un fulano o un cabrón.
y ya no sé qué decir.
eres un mal blogger ='(
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