La Cueva de las Gorgonas
“El periodismo moderno justifica su existencia por el gran
principio darwiniano de la supervivencia del más vulgar.”
Oscar Wilde.
“¡Que pase el desgraciado!”
Carlos Domínguez González
Y como al más puro estilo de película de horror, pareciera que la televisión mexicana y sus tristes espectadores, entre ellos su seguro servidor, somos la víctima predilecta de un viejo depredador que al paso de las décadas ha cambiado de piel, de nombre, de idioma y en ocasiones hasta de sexo. Aquel concepto que vino a revolucionar la programación de un país y en el inevitable desarrollo de su popularidad nos llevaría entre patas, sí, ese mismo en el que se encuentra usted pensando: Los Talk Shows.
Remontémonos a los orígenes de dicho maleficio mediático. Por si usted no sabía esta invasión cultural, plagada de una sed de sangre, tabúes y disfunción familiar nació con un propósito enteramente distinto. A mediados del siglo pasado los Estados Unidos de América fueron testigos de un vanguardista estilo de comunicación televisiva que tan sólo una década posterior se habría consolidado en los hogares norteamericanos como un muestrario sensato de opiniones sobre una diversidad temática interesante, ahí murieron las buenas intenciones. Al pasar del tiempo hemos sido testigos, algunos más y otros menos, del radical cambio que ha sufrido el concepto televisivo de entrevistas o debates, convirtiéndolo en un circo mediático para la exposición de celebridades hasta los catorrazos propinadas por una esposa engañada a un pobre “desgraciado”.
Como bien dicen los entendidos y alguno que otro que más o menos entiende, México resulta un excelente caldo de cultivo para el talento extranjero que por razones sociales, políticas y hasta legales, terminan convirtiéndose en el pan de cada día de un país que no les huele a casa, más bien a papel moneda, tratando a toda costa de hacerse creer a sí mismos y a nosotros (ingenuamente) que su expedición conquistadora en nuestras tierras de “bonanza y prosperidad” es una más de las misiones en su lista por alcanzar la beatificación papal; no dejemos atrás a los paisanos, que no cantan tan mal las rancheras, en México hemos sido testigos de cómo actrices de películas de ficheras, algunas otras apartemente serias y una que otra conductora que con el paso de tiempo quiso ser una periodista con credibilidad de acero, formaron parte de las filas de este género del horror. Volvamos a lo que nos atañe, la actualidad. Que si la Cubana trae la falda más corta, que si la Potosina es la más humana por ser de pueblo, que si la Peruana regalará becas para una academia de corte y confección para apoyar a las esposas de los “desgraciados”, todo esto y más se escucha de boca de mis connacionales, pendientes a una competencia de ratings, que de paso va restando la poca dignidad que le queda al “periodismo” de las cuatro de la tarde, que de esa profesión tiene lo que yo de francosuizo.
Si uno es lo que consume y estamos consumiendo esto, créemelo, lectora lector queridos, que mañana mismo sentiré pavor al mirarme en un espejo.
Twitter: @ChamucoD
carlos.dominguez.glz@hotmail.com

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